Una nueva cultura de mantenimiento: Confiabilidad.

 

     

 

En el pasado, la figura del mantenimiento dentro de las empresas estaba bajo el concepto de departamento o directamente relacionado a una persona, a quien se asignaba la responsabilidad de la confiable operación de las instalaciones y equipos durante su vida útil. Esta responsabilidad se concentraba en la optima programación y ejecución de tareas encaminadas prevenir o resolver los problemas de funcionamiento de los elementos ya mencionados.

 

Para tal efecto, las empresas se armaban con métodos y tecnología de punta para aplicar el mantenimiento preventivo, ya sea a través de estrategias de TPM (Total Productive Maintanance, por sus siglas en ingles) o bien, con herramientas informáticas (software) para la gestión del mantenimiento.

 

Hoy en día, el concepto de mantenimiento ha migrado hacia una cultura  de Confiabilidad, en donde la Confiabilidad depende de todas las áreas de la empresa: Desde los Directores y Gerentes, hasta los operadores de los equipos en la zona de producción.

 

La Confiabilidad se define como el nivel de probabilidad de que un equipo o componente de un proceso mantenga sus características de operación durante un tiempo definido, asegurando con esto, el cumplimiento de los requerimientos del cliente y los objetivos de la empresa.

 

Como se mencionó antes, la Confiabilidad depende de todos, por lo que la responsabilidad de mantener los equipos en condiciones optimas ya no es solo del área de mantenimiento. Así como la gestión de la calidad sustituyó al control de la calidad, que se basaba en la inspección del producto, y paso a enfocarse a controlar los procesos importantes para el logro de los objetivos estratégicos de la empresa, de igual manera la Confiabilidad esta sustituyendo al concepto de mantenimiento tradicional.

 

Hay casos en que los problemas de Confiabilidad inician desde la concepción de las plantas, ya que desde el proceso de diseño o selección de equipo no se contemplan las necesidades de capacidad de operación, o bien, en el proceso de la adquisición de los equipos, en donde por ahorrar un poco se omiten accesorios de los equipos que en el largo plazo ocasionan problemas de operación y manutención.

 

Otro caso muy común que desencadena la falta de Confiabilidad es la operación de los equipos sobrecargando la capacidad optima de funcionamiento para cumplir con las metas de producción sin importar los planes de manutención previamente establecidos.

 

Cuando situaciones como estas suceden, se aprecia claramente que cada área sigue objetivos distintos, y por lo tanto, los resultados son distintos a los previstos por la organización, en donde generalmente se obtienen costos de producción más altos, las fechas de entrega no se cumplen y la calidad de los productos no corresponde con las especificaciones del cliente.

 

Paradójicamente el enfoque de Confiabilidad requiere de que no existan reparaciones, en otras palabras, que las actividades de manutención se lleven a cabo mediante metodologías que eliminen las causas de posibles fallas antes de que se presenten (100% preventivo). Esto no es una tarea fácil, pero se puede lograr con la participación proactiva de todas las áreas, mediante la aportación de datos que sirvan de apoyo para ideas de mejora, pero sobre todo, se requiere de eliminar la ancestral batalla entre las áreas de mantenimiento y producción por el control de los equipos.